Maradona en Oxford

Artículo inspirado (basado) en la genial (aunque innegablemente corta) entrada que hizo Pase del Desprecio hace dos años. Las otras consecuencias habla de las brechas sociales en el país y sus consecuencias en el fútbol peruano. Mal que bien, intento trazar un paralelo con lo que se vive actualmente en la escena competitiva de Dota dentro del país.

Diego Armando Maradona, futbolista, leyenda, padre de familia, cocainómano. Querido por muchos y odiado por otros tantos. Y, por si todo eso no fuese suficiente, maestro de los sueños de Oxford. Nueve años después de la gesta ocurrida en México 86, Diego viajaba a Inglaterra y ofrecía, desde sus limitaciones, un discurso increíble que pueden encontrar aquí:

De Villa Fiorito, barrio de inmigrantes europeos y latinoamericanos, a Oxford. Maradona puede generar opiniones no tan positivas, lo admito, pero creo que resulta imposible negar su experiencia como ídolo que empezó de abajo. Started from the bottom now we here, excepto que a Maradona no lo enchufaron en una serie para adolescentes. Siendo esta su realidad, creo que es válido tomar su experiencia y proyectarla sobre lo que vemos en nuestro país. Vayamos a partes de su discurso:

Decían los mayores de esos años que los jugadores eran personas incultas, muy rudimentarias o primitivas, de poca facilidad de palabra y muy poco hábiles para desarrollarse en su vida comercial o familiar. Siempre ligaron a los jugadores de fútbol a la vida fácil y vacía.

Pasa en el fútbol, pasa en Dota, pasa en la vida. Los invito a entrar a la fanpage de MÁSGAMERS y leer los comentarios de cualquier publicación relacionada a Dota. Los invito a seguir cualquier medio de comunicación deportivo. Los invito a salir a la calle. Como fanático de Dota y del fútbol he disfrutado muchas veces de esta violencia hacia, por y entre aficionados. “Dota es un juego tóxico”, “solo lo juegan ratas”, “qué asco jugar Dota con peruanos”, “el fútbol es un juego para brutos”, “qué estúpido es correr tras una pelota” son lugares comunes con los que me he topado durante años y a los cuales, mal que bien, me he terminado acostumbrando.

Traducción: El peruano es misio, tacaño, míope, terco, dotero, cabinero y tóxico. Pero yo no.

Hace dos meses tuve la oportunidad de leer la opinión de Regina Limo (@reinadecapitada, feminista y activista pro-LGBT) respecto a la ocasión en que Raúl Fernandez, portero peruano y ex-seleccionado nacional, salió a apoyar el movimiento #ConMisHijosNoTeMetas con un polo que Adidas había sacado el 2016 para celebrar el #gaypride. Más info aquí. Más allá de discusiones ideológicas de las que no pretendo ser parte (y del hecho de que cualquiera puede ver un modelo güay en la tienda y comprarlo sin más), me pareció particularmente resaltante la frase con la que Regina Limo cerró su apreciación. “¿Qué más puedes esperar de un bruto que se gana el dinero pateando una pelota?”, idea que fue compartida y repetida por sus lectores.

¿Qué tan marginado tiene que ser un grupo para que incluso quienes luchan por la igualdad lo marginen? Volvemos a Maradona en Oxford.

Al poco tiempo entendí el porqué de esta mentalidad, que hasta entonces era inexplicable para mí. En Sudamérica los jugadores de fútbol éramos, hasta la década de los 70, de fracción muy humilde. La razón de esta característica se basaba en que la aparición de esos grandes valores se producía por lo general en los potreros, que eran en aquel entonces pequeños campos de juego improvisados en zonas despobladas de los barrios o tugurios.

Pero ya a fines de los setenta fue modificándose de a pocos la cultura del fútbol debido a que los medios de comunicación ya empezaban a llevar a cualquier parte del mundo partidos importantes. Es más, las caras de los protagonistas empezaron a ser conocidas por todos, gracias al avance de la tecnología y de la comunicación.

A su manera, el Diego nos ilumina en estos dos párrafos. Nos preguntamos por qué una activista pro-igualdad soltaría un comentario tan prejuicioso y lleno de odio y, en la misma línea, podríamos preguntarnos por qué un gamer (acostumbrado ya al prejuicio de otras personas hacia los videojuegos) denostaría tan frecuentemente a un grupo en particular (el de Dota 2 en este caso). La respuesta es la visibilidad. Los medios nos bombardean con fútbol: todos nos terminamos enterando (incluso si no nos gusta) de cuándo juega Perú, o de quién es Lionel Messi, o de cuántos años lleva Alianza sin campeonar (?). De la misma manera, de un tiempo a esta parte, Dota ha empezado a aparecer en todos lados (como veíamos en mi anterior entrada) aun cuando puede parecer un concepto alien a mucha gente.

Un peruano que no conozca a por lo menos uno de estos tipos probablemente mienta.

El futbolista peruano (y a su vez el dotero peruano) llega a su paradójica situación debido, precisamente, a la popularidad del fútbol. El muchacho marginado, a pesar de convertirse de pronto en el ídolo de masas, no elimina nunca su condición inicial de marginado. Antes bien, hace malabares con ella, la compagina, trata de vivir ignorándola. Nace ahí la gran contradicción: la del futbolista que, pese a ser famoso y tener la solvencia económica de la que antes carecía, no está realmente insertado en la sociedad.

Entraba en Larcomar con unos chicos del Alianza Lima, negros, cholos, mestizos, cuando veo que el vigilante los detiene y los expulsa del dichoso lugar. Tuve que intervenir y los dejaron entrar porque estaban conmigo. Más tarde, en una tienda de discos, me separo de ellos para buscar unos CDs y veo a lo lejos cómo se les acerca el vendedor para indicarles que se retiren. La pobreza no es el único dolor que deben enfrentar, quizá ni siquiera sea el fundamental. Es ese desprecio diario del que no tenemos noticia, que no aparece en ningún documento, que se quiere obviar aún en los medios más progresistas. Después, sobre el verde césped, les pedimos triunfos, goles, coraje. Acaso su venganza sea la derrota, la frustración del espectador, y obtengan en ese fracaso una ganancia, una revancha contra la marginación que padecen

Estas palabras pertenecen al gran Constantino Carvallo, quien las inmortalizó en su Diario educar. Un libro que recomendaría sin dudar a cualquier persona interesada en las experiencias de uno de los peruanos más ilustres de los últimos tiempos. ¿Qué podemos exigirle a deportistas así tratados por la sociedad? Como resume genialmente PDD:

¿Ganar para hacer feliz a quién? ¿Sudar la camiseta por quiénes?

Cualquier seguidor de la escena nacional de Dota 2 debe ya ser familiar con los famosos estados de Facebook de Kingteka. Si bien termina borrándolos y muy pocos (si es que algunos) pueden encontrarse ahora mismo, más de una persona se habrá ganado con ellos en su momento. Todos le critican su arrogancia, su hostilidad al público, la necesidad de ventilar su indignación en su fanpage. ¿No es esto sintomático de lo antes mencionado? ¿Por quién juega Kingteka, si no es por sí mismo? ¿Por los fans? ¿Por los mismos fans que aparecen cada cierto tiempo para recordarle cada error que ha cometido y cada vez que se ha ido de boca? Da para pensar, ¿eh?

¿Qué fue primero? ¿El odio de Kingteka o el odio hacia Kingteka?

Quizás los jugadores (casuales o competitivos) de Dota no provengan de la misma miseria económica que engendra talentos en el fútbol. Sin embargo, muy lejos no están. Se podría decir que, relativizando la situación, se le acercan. Me explico: un gamer dedicado invierte bastante dinero. Gasta en un rig que actualiza cada cierto tiempo, gasta en consolas de hogar, gasta en handhelds. Aunque la piratería sea una actividad inherente al país, el gamer también gasta en juegos. Por otro lado, el jugador de Dota no necesita gastar tanto. Del mismo modo en que los potreros generaron más futbolistas que las lozas cercadas en la Argentina de Maradona, en el Perú los LAN centers permitieron a Dota alcanzar una popularidad insospechada y germinaron lo que sería uno de los mercados más fuertes para el juego en lo que es Latinoamérica.

No sé cómo sabe lo que hago en mis tiempos libres

Y, tal y como la televisión lleva a los Farfán, los Vargas y los Guerrero de patear el balón en la pista de su cuadra a ser conocidos por todos, la natural explosión en popularidad de Dota 2 llevó a los SmasH, los Benjaz y los Kotaro de jugar en LAN centers a ser considerados representantes nacionales en el extranjero. Si bien nuestro videojuego no tiene la misma presencia que el fútbol en los canales tradicionales (TV, radio, etc.); ha sabido labrarse su camino de la mano de Internet y, más bien, ha obligado a los canales tradicionales a adaptarse a él. En lo que es el ejemplo más claro de esta situación, SmasH pasó de jugar scrims y torneos locales a protagonizar spots publicitarios para marcas nacionales.

El de la izquierda me debe plata csm tráiganlo de vuelta al Perú

Situaciones como el ban a EWolves, el fiasco de 15 AÑITOZ o el fracaso de NoT no son culpa exclusiva de los jugadores que en ese momento cometieron el error. Así como fueron ellos pudieron haber sido otros sin ningún problema. De igual manera, en el fútbol da igual que haya sido especificamente Manco quien haya ido a jugar a Europa y haya vuelto sin pena ni gloria en menos de dos temporadas: como él, pudo haber sido cualquier otra promesa. Nuestros problemas trascienden situaciones específicas. Tanto en Dota, como en el fútbol, tenemos un deber para con nuestros deportistas (más aún si los consideramos nuestros representantes). Ni siquiera como comunidad, sino como sociedad. Cierro esto con una frase del discurso de Maradona, tan enorme como él:

Pido un espacio en la sociedad donde los futbolistas no seamos tildados de ignorantes

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3 comentarios en “Maradona en Oxford

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